Quatre 40 Òptics

Volver al blog

¿Cómo empezó la miopía? De Aristóteles a la epidemia actual

18 de julio de 2026 · 7 min de lectura

Manuscrito antiguo con el diagrama de un ojo y lentes ópticas

Si ves borroso de lejos, formas parte de un club muy antiguo. Hacia el año 350 a. C., Aristóteles dejó escrito un perfil nada moderno pero perfectamente reconocible: personas que entrecerraban los ojos para distinguir los objetos lejanos. Los griegos las llamaban myops —de myein (cerrar) y ops (ojo), «los que miran con el ojo entrecerrado». De ahí viene, exactamente, la palabra miopía.

Durante siglos fue una molestia minoritaria, casi un oficio: escribas, filósofos, bordadores y orfebres, gente que pasaba la vida con la nariz pegada al papel. En el campo, en el mar o en la guerra, ver bien de lejos era una cuestión de supervivencia, y la miopía no era nada común.

Primero llegaron las gafas… pero no para los miopes

Las primeras gafas documentadas nacen hacia 1286, probablemente en Pisa, y no eran para miopes: eran lentes convexas, abombadas, pensadas para la vista cansada de los grandes lectores de la época. Es un detalle que hoy sorprende: la óptica empezó arreglando la visión de cerca, no la de lejos.

Para las lentes cóncavas —las que corrigen la miopía— hace falta esperar un par de siglos más. El filósofo Nicolás de Cusa las describe hacia 1451, talladas en berilo, y en el siglo XVI ya eran habituales entre los eruditos europeos. El papa León X, un miope ilustre, usaba una lente cóncava para ir de caza: probablemente el primer usuario «deportivo» de la historia de la óptica.

1604: Kepler encuentra el secreto del ojo

El salto científico llega con el astrónomo Johannes Kepler, que en 1604 explica por primera vez cómo funciona el ojo: la luz entra por la pupila, las lentes internas la concentran y la imagen se proyecta nítida sobre la retina, como en una cámara oscura. De ahí sale todo: la miopía es, sencillamente, un ojo que enfoca la imagen delante de la retina en lugar de hacerlo exactamente encima.

En 1864, el médico holandés Franciscus Donders ordena científicamente los «defectos de refracción» —miopía, hipermetropía, astigmatismo— y pone las bases de la revisión visual moderna, la misma que hacemos hoy en nuestro gabinete de Cardedeu.

De rareza a epidemia: el siglo que lo cambió todo

Hasta bien entrado el siglo XX, la miopía afectaba a una minoría de la población. Tres olas la convirtieron en epidemia global: la escolarización masiva (años enteros de lectura y trabajo de cerca), la vida en interiores (menos luz natural, más cuatro paredes) y, desde 2007, las pantallas de bolsillo.

El caso extremo es el este y el sudeste asiático: en ciudades de Corea del Sur, Taiwán, Singapur o la China urbana, entre el 80 % y el 96 % de los adultos jóvenes ya son miopes. En Europa y Norteamérica nos situamos entre el 40 % y el 50 % de los jóvenes. Y Europa Occidental —España incluida— crece a buen ritmo, sobre todo en edad escolar.

La evolución en cifras: hacia un 2050 con medio planeta miope

El estudio de referencia es el de Holden y colaboradores (2016, revista Ophthalmology y Brien Holden Vision Institute): cruzó centenares de estudios de todo el mundo y proyectó la evolución hasta 2050. El resultado dio la vuelta a los medios, y con razón: de 1.406 millones de miopes en el año 2000 (el 22,9 % de la humanidad) se pasaría a unos 4.800 millones en 2050, prácticamente la mitad del planeta.

Y lo más serio no es la cantidad, sino la intensidad: la miopía alta también se dispara, y es la que conlleva riesgo real de glaucoma, desprendimiento de retina y degeneración macular. Es la gran diferencia entre «llevar gafas» y «tener un problema de salud visual».

Este gráfico interactivo resume el estudio; toca los puntos para ver las cifras exactas:

La miopía en el mundo: evolución y proyección

% de población mundial con miopía (línea continua: datos; punteada: proyección)

DatosProyección
0%15%30%45%60%200020102020203020402050Año22,9%49,8%

¿Dónde es más común? (jóvenes, aprox.)

Prevalencia estimada en población joven por región

  • Corea del Sur96%
  • Hong Kong87%
  • Taiwán85%
  • Singapur82%
  • China (urbana)80%
  • Japón62%
  • Europa45%
  • Norteamérica42%
  • Media mundial34%
Elaboración propia a partir de Holden et al. (2016, Ophthalmology) y estimaciones regionales publicadas. Cifras aproximadas en población joven urbana.

¿Por qué ahora? El patio de la escuela tiene mucho que decir

La ciencia tiene bastante claro el mecanismo: el ojo crece según la luz que recibe. La luz natural —incluso a la sombra, un día gris— es miles de luxes más intensa que cualquier salón bien iluminado, y estimula la dopamina de la retina, que frena el crecimiento excesivo del globo ocular. Traducción: jugar fuera es protección, literalmente.

  • Pocas horas al aire libre: menos dopamina retinal, el ojo crece más de la cuenta.
  • Mucho trabajo de cerca continuado: móvil, tablet y lecturas largas sin descanso.
  • Generación confinamiento: varios estudios detectaron un salto de miopía infantil en los niños que vivieron 2020 encerrados en casa con pantallas.

¿Y esto qué significa para nosotros?

Que la miopía no es solo genética ni «un mal menor»: es un hecho de salud pública que se puede frenar si actuamos pronto. Las herramientas son sencillas —dos horas de exterior al día, descansos visuales cada veinte minutos, buena iluminación— y funcionan mejor cuanto antes se adoptan. Y si la miopía ya está aquí, hoy disponemos de diseños de lentes y contactología de control específicos para frenar su progresión en niños y adolescentes: no es lo mismo graduar que controlar.

Artículos relacionados